El espeto busca ser Patrimonio de la Humanidad

Pescado, cañas, sal y fuego. Cuatro humildes ingredientes que forman el espeto. Este plato típico de la cocina malagueña es una receta ancestral cuya técnica se ha convertido en tradición.
 
 
El espeto clásico se trata de unas sardinas insertadas en unas finas cañas y asadas en la arena de la playa. Un pequeño producto que encierra muchas épocas de historia y fácil de encontrar a lo largo de la Costa del Sol.
 
Este símbolo de la gastronomía sureña se remonta al siglo XIX. La provincia de Málaga vivía fundamentalmente de la pesca y las sardinas eran un alimento para las familias con pocos recursos gracias a su bajo precio. Los avances en el transporte convirtieron a Málaga en una zona turística y fue cuando Miguel Martínez Soler cambió el destino de la cocina malagueña. 'Migué el de las sardinas' abrió su bar 'La gran parada' en 1883 y comenzó a pinchar las sardinas en unas cañas y ponerlo en la arena junto al fuego.
 
Esta taberna atrajo a un gran número de personas y en 1885 el visitante de gala fue el rey Alfonso XII. El monarca se encontraba en Málaga tras una visita oficial en la comarca de la Axarquía tras un grave terremoto. Miguel Martínez sirvió un plato de espetos al rey y cuando se dispuso a comerlo con cubiertos, Miguel le interrumpió para avisarle de que se comía ''con los deos''. Miguel Martínez Soler se convirtió en el padre de los 'espeteros', una profesión que se traspasa de generación en generación.
 
 
Casi un siglo y medio después de aquella anécdota, el espeto busca ser patrimonio de la humanidad. Este es el objetivo de Marbella Activa, una asociación cívica y cultural, que inició en febrero de 2017 los pasos para que el espeto sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y cuenta con el respaldo de instituciones, colectivos culturales y gastronómicos, chefs con estrellas Michelin y buena parte de la sociedad civil.
 
Esta iniciativa cogió fuerza cuando la Comisión de Cultura del Senado aprobó el pasado mes de febrero una declaración institucional para que la candidatura del espeto de sardinas entrara a formar parte de la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. El espeto busca sumarse a una lista en la que ya están presentes artes y tradiciones como el flamenco, los "castells", el silbo gomero, el canto de la Sibila de Mallorca, los tribunales de regantes del Mediterráneo español y la cal artesanal de Morón de la Frontera.
 
De El Palo a Guadalmar: algunos lugares típicos donde tomarlos
Esta receta ancestral no es tan sencilla como aparenta. La preparación de unas buenas sardinas espetadas requiere de mucho arte. Las sardinas deben de estar perfectamente clavadas en la caña para no caer en las brasas al darles la vuelta. Esta técnica consiste en insertar los peces por el lomo y que la espina quede siempre por debajo de la caña para sujetar la sardina. La caña para el espeto se hace a partir de una caña de azúcar, bien afilada y se mantiene en agua para que no se queme en el fuego.
 
Este saludable plato también es sencillo a la hora de llevárselo a la boca. Las sardinas se comen con las manos y sin ningún tipo de aderezo para que mantenga su sabor original. El espeto lo podemos encontrar tanto en chiringuitos a pie de playa como en restaurantes de Málaga y otras localidades. Su simplicidad puede engañar pero es el plato estrella de la zona en todas las estaciones. Estos son algunos lugares para disfrutar de unos buenos espetos:
 
Playa de El Palo. La búsqueda de este plato nos lleva hasta el chiringuito El Tintero de esta playa malagueña, uno de los más famosos, pero también de los más curiosos y divertidos. Se trata de una terraza repleta de mesas y camareros con un peculiar servicio sin carta en el que hay que estar atento. Los camareros ofrecen a gritos los platos, entre los que destacan las sardinas espetadas y el famoso pescaíto frito. Tampoco hace falta pedir la cuenta, otro miembro del personal se encarga de cobrar a las mesas. Esta especie de subasta hace único a este chiringuito y hace que los visitantes repitan su estancia.
 
Pedregalejo. Este lugar es un antiguo barrio de pescadores del distrito Este de Málaga. Aquí podemos encontrar los restaurantes Andrés Maricuchi y Miguelito El Cariñoso, separados por medio kilómetro. Estos dos lugares ofrecen un ambiente tradicional y familiar con sus terrazas a pie de playa. Además, se puede disfrutar de esa icónica barca varada reconvertida en cocina al aire libre, con las brasas en su punto para preparar una buena espetada. Esta barca también es típica en todas las zonas costeras para asar los alimentos y un viejo truco para no agacharse.
 
Guadalmar. En este barrio costero se encuentra el Chiringuito Servando. Este restaurante playero destaca por su moderna arquitectura pero sin olvidar la esencia de un chiringuito tradicional, como son la terraza con sombrillas y las barcas varadas en el exterior para cocinar unos pescados espetados. Otra de las ventajas es que se pueden disfrutar de unas bonitas vistas de la playa de Guadalmar desde dentro del recinto.
 
Benalmádena Costa. Los buenos espetos nos llevan a uno de los lugares más conocidos de Málaga. El restaurante La Viborilla fue fundado a mediadios de los años setenta y es famoso por sus espetos y por sus vistas al mar. Está ubicada en una pequeña cala de Torrequebrada, en una balconada hacia la playa. Dispone de terrazas y varios jardines que regalan un ambiente totalmente familiar y hogareño para una buena espetada.
 
Pasaje Esperanto, bq 1 Local 4
29007 Málaga
España
952 61 47 25
952 61 55 94
info@aeplayas.es